Nunca antes había confiado en las llamadas “técnicas mentales” para conseguir lo que uno busca.
Incluso me sentí ridículo al repetir frente al espejo el mensaje “Encuentro la vivienda que quiero”.
Si, llevaba más de un año sondeando el mercado sin éxito alguno. Pero tras repetir el mensaje de Indalo dos o tres veces en la mañana del martes, encontré la casa que deseaba la tarde del mismo día.
Pese a mi incredulidad, funcionó, sí, funcionó.

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