El pensamiento positivo, sabio, benévolo y eficiente

“Lo que somos hoy viene de nuestros pensamientos de ayer y nuestros pensamientos presentes constru- yen nuestra vida de mañana. Nuestra vida es la crea- ción de nuestra mente.” Gautama Buda  Piensa que te mereces una vida llena de gozo y habrás puesto en marcha la mecánica cuántica del Universo para ofrecerte todo lo mejor de la existencia.

“Lo que somos hoy viene de nuestros pensamientos de ayer y nuestros pensamientos presentes constru- yen nuestra vida de mañana. Nuestra vida es la crea- ción de nuestra mente.”
Gautama Buda. Piensa que te mereces una vida llena de gozo y habrás puesto en marcha la mecánica cuántica del Universo para ofrecerte todo lo mejor de la existencia.

La alquimia interna de los mensajes del método Indalo tiene su fundamento en las ventajas que nos proporciona pensar, hablar y actuar con sabiduría, eficiencia, positividad y benevolencia. Con esta actitud podemos comprender mejor el mundo cambiante en el que existimos, adaptarnos a él y mejorarlo para vivir todos con bienestar y salud integral. La mente funciona como un ordenador con capacidad receptora y transmisora. Nuestros pensamientos actúan como órdenes que pueden materializarse en cosas, acciones, reacciones o situaciones. Nuestros pensamientos y palabras contribuyen a crear nuestra realidad, tienen vida propia, nacen, pueden reproducirse, y transmitirse de unas personas a otras, dando lugar a creencias que influyen en la conciencia colectiva. Por esta razón es muy importante revisar lo que creemos, controlar lo que pensamos y lo que decimos. Todos los objetos y acciones conscientes surgen de pensamientos previos. El pensamiento genera el deseo, el deseo impulsa una intención, la intención despierta la voluntad, la voluntad crea una acción y la acción produce una materialización. Cuando nos decimos o nos dicen reiteradamente palabras negativas como: estúpido, inseguro, torpe, desmemoriado, gordo, feo, no vales, has fracasado, todo te va mal, estas fatal, todo lo haces mal, tu vida es un caos, descalificaciones o insultos insistentes, estas formas de expresión pueden convertirse en hábitos de pensamiento y conducta negativos que nos condicionan el presente e influyen desfavorablemente en nuestro futu- ro. Inducen, por acumulación de tensiones a sembrar inseguridad y en algunos casos a crear complejos, pérdidas de control, conductas imprevisibles, autodestructivas o dañinas para uno mismo y para los demás. Es importante comprender y aceptar las limitaciones de cada uno para no hacer calificaciones ofensivas o juicios innecesarios. Por estas razones, hay que evitar desaprobarse y en cambio tratarse a uno mismo y a los demás con amabilidad, amor y respeto. En general funcionamos mejor y obtenemos mejores resultados con el afecto, el estimulo positivo, los alicientes y la motivación. Las pautas o hábitos de conducta se convierten en normas y leyes, mapas o esquemas mentales para circular por la vida. Se forman con ideas y conclusiones derivadas de nuestras experiencias personales y de la información que recibimos de nuestro entorno familiar, social y ambiental. Cuando pensamos de forma positiva, sabia, benévola y eficiente, estamos programando con buenos hábitos de conducta nuestra mente, para obtener resultados favorables. Aunque existe un uso necesario del “no” para poder decidir; en muchas ocasiones puede ocurrir, que aquello a lo que nos negamos nos vence. Por ejemplo, cuando nos decimos: “no quiero fumar” o nos negamos a una adicción cualquiera, a veces no obtenemos el resultado deseado y volvemos a sucumbir a la tentación. Resulta más eficaz comunicarnos en positivo sin nombrar aquello que queremos eliminar y decirnos en cambio lo que que- remos lograr. Por ejemplo: “mis pulmones funcionan perfectamente”. Cuando nos decimos “no quiero estar enfermo”, seria mejor decirnos “quiero estar sano” o “estoy sano”. Es más fácil superar cualquier perturbación mental y muchas situaciones indeseables concentrando la atención en la cualidad opuesta a la que deseamos neutralizar. Por ejemplo: ante el miedo nos concentramos en la seguridad; ante la enfermedad pensamos en la salud; ante el dolor atraemos el bienestar; ante la pobreza propiciamos la prosperidad. De modo que favorecemos nuestra vida programando nuestros pensamientos de forma positiva, nombrando lo que deseamos en lugar de lo que no queremos. Cuando a priori creemos que algo es imposible de conseguir nos bloqueamos. Sin embargo, cuando pensamos que algo es posible nos abrimos a que se hagan realidad nuestras expectativas. Pensar de forma positiva es fijar más la atención en las cosas buenas, en las cualidades, en las ventajas y en las posibilidades. Esta actitud positiva ha de ir acompañada de la valoración, del buen juicio y de la objetividad. Sentirse merecedor del bien y abrirse a recibirlo es la clave para que nos ocurran muchas de las cosas buenas que deseamos o necesitamos. Podemos cambiar nuestra realidad por otra mejor y más feliz, si tenemos la intención de mejorar. La base del cambio es expresar amor, perdón y respeto a uno mismo y a los demás. Amarse significa desearse y procurarse el máximo bien. Amarse a uno mismo es aumentar la autoestima y sentirse merecedor de todo lo bueno que la vida y el Universo nos ofrece. Respetarse significa tratarnos física y mentalmente de forma beneficiosa y amable. Muchas adversidades y enfermedades tienen su origen en no haber podido perdonarnos algo a nosotros mismos o a otras personas. El perdón nos libera del castigo. Perdonar es comprender que es humano errar y que los errores del pasado se pueden corregir con buenas acciones en el presente. La felicidad surge cuando la mente está llena de satisfacción, positividad, bondad, paz, amor y alegría, viviendo el presente, el aquí y el ahora. El pensamiento sabio está abierto al conocimiento y evoluciona con él. Nos hace actuar y pensar con eficiencia para vivir con salud y bienestar integral. Cuando nuestro pensamiento es sabio conocemos y comprendemos las causas y las consecuencias de la existencia. La mente se abre al conocimiento y a la comprensión. Descubrimos que dentro de cada uno de nosotros hay una sabiduría interior, que podemos aprender a escucharla y aplicar sus indicaciones en nuestras vidas. El raciocinio, la intuición, la información veraz, la bondad y el conocimiento científico nos guían a la hora de pensar y actuar con acierto y eficacia. El pensamiento benévolo se basa en ideas y creencias que pueden favorecer el bien y la vida para uno mismo y para los demás. Induce a respetar y proteger la biodiversidad que forma el tejido vital del planeta Tierra. El pensamiento benévolo genera virtudes de solidaridad y normas de convivencia basadas en el respeto y la dignidad de todos los individuos. Las acciones y conductas que generan paz, salud, prosperidad, bienestar y alegría para todos surgen de pensamientos benévolos. Hoy en día, el marco internacional de convivencia basado en el pensamiento benévolo es la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El pensamiento eficiente es resolutivo y práctico, nos hace actuar acertadamente y encontrar la mejor solución a diferentes objetivos, asuntos o situaciones, usando los medios más adecuados. El pensamiento eficiente se construye con el conocimiento, aplicando la razón, en virtud de reducir el esfuerzo, optimizar el tiempo y economizar los recursos que se emplean para alcanzar un objetivo con éxito.